Bienvenido, Mister Marshall: reseña de la peli

Bienvenido, Mister Marshall es una película española de 1953 dirigida por Luis García Berlanga, el mismo director de El verdugo (1963). Y exactamente como esta segunda película, Bienvenido Mister Marshall también es considerada uno de los clásicos del cine español. Casi setenta años después de su estreno, tuve el placer de verlo y realmente se merece su buena reputación.

La trama se puede resumir rápidamente: en Villar del Río, un pequeño pueblo en medio de la nada, debe llegar una delegación estadounidense en busca de proyectos que necesiten ser financiados con el European Recovery Program, más conocido como Plan Marshall. El alcalde (José Isbert) recibe la orden del delegado provincial de preparar una gran fiesta en honor a los visitantes para asegurarse de que llegue la mayor cantidad de dinero posible. En su escasa hora y cuarto, la película muestra los preparativos de este evento como si todo fuera un cuento de hadas de otra época.

Berlanga usó hábilmente el arma de la comedia para criticar con dureza la España de la época y pasar imperturbable la malla de la censura franquista. No hay que olvidar que a principios de la década de 1950 la dictadura española era sin duda muy dura. Habiendo salido victoriosos de una sangrienta guerra civil a fines de la década de 1930, los jerarcas del régimen no habían dudado en masacrar a miles y miles de prisioneros políticos después de la guerra, y Franco no se había unido al Eje en la Segunda Guerra Mundial solo porque quería demasiadas cosas (después de una reunión con Franco para pedirle que se uniera a él, Hitler declaró que prefería que le sacaran un diente antes que volver a hablar con el español). Y, seamos sinceros, si lo hubiera hecho no habría cambiado mucho. España era un país pobre y atrasado, ¡y todo esto Berlanga lo enseña sin vergüenza! La película muestra una España que quería parecer un estado independiente y fuerte pero que no dudaba en buscar ayuda externa, incluso con esos Estados Unidos tan mal vistos por la parte más extrema del régimen.

La introducción de la peli es muy divertida. Un narrador (Fernando Rey) presenta a todos los personajes como si fuera la primera página de un libro con la lista de protagonistas. ¡Y estos protagonistas son uno más caricaturizados que el otro! El alcalde es rico, es dueño de la mitad del pueblo, y también es medio sordo. Efectivamente, el resto de los ciudadanos vive en la pobreza extrema y él ni siquiera se da cuenta. Ni es capaz de armar un discurso sensato, como demuestra su famoso “Como alcalde vuestro que soy, os debo una explicación, y esa explicación que os debo, os la voy a pagar. Que yo, como alcalde vuestro que soy, os debo una explicación, y esa explicación que os debo, os la voy a pagar, porque yo, como alcalde vuestro que soy… “. El cura gordo (Luis Pérez de León) es un chismoso, y supuestamente debería escuchar las confesiones de la gente y mantenerlas en secreto. El empresario (Manolo Morán) es claramente un fanfarrón y su estrella, la cantaora Carmen Vargas (Lolita Sevilla) es una prueba de lo poco que contaban las mujeres en la sociedad de la época (prácticamente ella dice solamente “Jozú” todo el tiempo, como si su origen andaluza no fuera clara). La maestra (Elvira Quintillá) es menos inteligente que su alumno más brillante…

En resumen, ¡todo el mundo es a la vez un estereotipo y una burla de la España de la época! Es particularmente divertido entonces descubrir que Berlanga fue obligado por los productores a contratar a Lolita Sevilla, por lo que probablemente el director (y sus dos coguionistas Miguel Mihura, que no escribió ni una palabra, y Juan Antonio Bardem, tío de Javier Bardem) disfrutaron dandole ese papél!

Seguro que a Berlanga también le gustó filmar todo con referencias al cine soviético (se dice que era un admirador de Pudovkin), al neorrealismo italiano (quizás tomó de ahí la idea de la voz narradora), y usando muchas imágenes metafóricas (como el mar de sombreros escuchando el discurso del alcalde o las banderas de Estados Unidos hundiéndose en el agua). Particularmente divertidas son las secuencias oníricas: el salón western donde todo el mundo murmura un lenguaje incomprensible vagamente yanqui, la procesión de Semana Santa con los capirores que se convierten en los del Ku Klux Klan (y Berlanga que rinde homenaje al cine expresionista alemán de principios del siglo XX), ¡y los reyes magos en un B-24 del ejército de EE. UU.!

Bienvenido, Mister Marshall es también una película que utiliza estereotipos para criticarlos ferozmente al mismo tiempo. Es curioso que los yanquis sean vaqueros o aviadores en un bombardero, así como es curioso que a los españoles se les vea todos como andaluces con sus llamativos trajes tradicionales y con sus fiestas exageradas entre corridas de toros y plazas llenas de gente feliz. Y es increíble e irónico cómo una década después el régimen español se dedicó a vender una imagen del país no muy diferente a la del alcalde de la ciudad en la película con el lema “Spain is different“, “España es diferente“, con el objetivo de atraer turistas occidentales y estrellas de Hollywood.

Concluyendo, Bienvenido, Mister Marshall es una comedia maravillosa (también es muy verbosa, como El verdugo), bien concebida y realizada, y tiene un valor que va más allá de su alma cómica dados los múltiples niveles de lectura a los que se presta. Ciao!


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