El espinazo del diablo: reseña de la peli

devils-backbone-carmenGuillermo Del Toro es un director que me ha encantado desde que vi El labirinto del fauno (2006) en 2008, que para mí es una verdadera obra maestra. Desde entonces, he visto todas sus películas posteriores y he también las anteriores (en realidad, no son muchas). Una de estas últimas el director la definió como la hermana de El labirinto del fauno: El espinazo del diablo, de 2001. Ambas películas tienen lugar durante la Guerra Civil española (1936-1939), ambas tienen un toque de fantasy, y en ambas los protagonistas son niños.

El espinazo del diablo tiene lugar en un orfanato aislado donde el profesor Casares (Federico Luppi) y la señora Carmen (Marisa Paredes) cuidan a un grupo de huérfanos de padres republicanos. El último en llegar es Carlos (Fernando Tielve). Inmediatamente se hace amigo de algunos, pero en cambio el matón Jaime (Iñigo Garcés) lo ataca sin razón alguna (como a veces hacen los niños). La peculiaridad del orfanato es una bomba no estallada plantada en medio del patio, una bomba que cayó en una noche lluviosa en la que desapareció el pequeño Santi (Junio ​​Valverde)…

Y aquí paro con la trama, que creo que pocos han visto esta película y no quiero estropear la visión con spoilers. Del Toro, como siempre, introduce elementos de fantasía en un contexto realista (lo hizo también con su La forma del agua, 2017) y una vez más demuestra cómo sea el hombre el que realmente da miedo, con sus guerras y su sed de riqueza, y no fantasmas ni ninguna otra criatura fantástica.

El director dirige muy bien a todos los niños que hacen un gran trabajo y mantienen toda la historia en pie gracias a su habilidad y espontaneidad. Es inútil elogiar a Luppi, quien ha demostrado una y otra vez que es una piedra angular del cine hispanoablante, y Eduardo Noriega también funciona bien aquí (incluso si hace un poco como siempre su papel habitual).

La película fue producida por Pedro Almodóvar, que yo sigo apreciando más como productor que como director, que conoció a Del Toro en el Festival de Cine de Miami, donde este último presentaba Cronos (1993), otra gran película. El hecho de que la producción no sea de Hollywood le permite a Del Toro mucha libertad en términos de violencia y trama que se habrían considerado poco aceptables en las oficinas de Los Ángeles. Por ejemplo, un director que decidió mostrar el asesinato de un niño fue John Carpenter en su Asalto a la comisaría del distrito 13 (1976) y, de hecho, su relación con los grandes productores de Hollywood en su carrera no fue exactamente idílica, por así decirlo.

Pero volvamos a El espinazo del diablo. Aunque la revelación final se entiende por lo menos a mitad de la peli, esto no resta valor a una historia muy poderosa que, si bien condena sin dudas la guerra y todo el dolor que conlleva, también logra que nosotros espectadores nos apasionemos al destino de los protagonistas que resultan simpáticos desde las primeras escenas. El realismo mágico de Del Toro aquí alcanza niveles muy altos y recomiendo a todos que vean esta película, especialmente a aquellos que han sido conquistados por la película con la que el director mexicano ganó el Oscar pero que no han visto sus trabajos anteriores. Ciao!


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